PÉRDIDA DE PANAMÁ


La Separación de Panamá de Colombia, fue un hecho ocurrido el 3 de noviembre de 1903, después de la Guerra de los mil días, y que desencadenó en la proclamación de la República de Panamá, anteriormente un departamento de la República de Colombia desde 1821, con breves períodos de secesión por parte del istmo de Panamá. PERDIDA_PA.jpg


El Concejo de ciudad de Panamá se reunió en la Plaza Catedral, presidido por Demetrio Brid, director de la edición en inglés del Panamá Star & Herald. El Concejo reconoció como gobierno de facto una junta conformada por José Agustín Arango, Federico Boyd y Tomás Arias. Brid procedió a leer el manifiesto y la declaración de independencia y fijó para las 2:00 p.m. del día siguiente la proclamación formal de la independencia de la república. Cuando la gente supo que su nuevo país se iba a llamar «República del Istmo», protestó con vehemencia y exigió que el nombre se cambiara a «República de Panamá». La junta estuvo de acuerdo y firmó los documentos.
Aunque se supone que tanto el manifiesto como la declaración de independencia fueron redactados por el doctor Eusebio Morales, el manifiesto portaba el estilo del borrador que prepararon en Nueva York primero Cromwell y luego Bunau-Varilla, y al que se hacía referencia en el código Amador-Lindo-Bunau-Varilla. Decía, en parte:

"El acto trascendental que por movimiento espontáneo acaban de ejecutar los pueblos del Istmo de Panamá es consecuencia inevitable de una situación que ha venido agravándose día con día. Larga es la relación de agravios que los habitantes del Istmo hemos sufrido de nuestros hermano de Colombia".

El lenguaje se parece al de la declaración de independencia de los Estados Unidos, pues destaca los agravios infligidos por el anterior soberano como causa de la emancipación. Sin embargo, en el caso de Panamá, la independencia se buscó no sólo porque Bogotá descuidaba la provincia, sino porque los panameños querían una nación independiente. Las similitudes con la versión norteamericana se encuentran a lo largo de toda la declaración de Panamá:
PERDIDA_DE_PANAMA.jpg"El Istmo de Panamá fue gobernado por la República de Colombia con el criterio estrecho que en épocas ya remotas aplicaban a sus colonias las naciones europeas; el pueblo y el territorio istmeños eran fuente de recursos fiscales, y nada más. Los contratos y negociaciones sobre el ferrocarril y el Canal de Panamá y las rentas nacionales recaudadas en el Istmo han producido a Colombia cuantiosas sumas que no enumeramos para no aparecer en este escrito destinado a la posteridad como impulsados por un espíritu mercantil, que no ha sido nuestro móvil; y de esas cuantiosas sumas el Istmo no ha recibido el beneficio de un puente para sus numerosos ríos; ni el de la construcción de un camino entre sus poblaciones, ni el de un edificio público, ni el de un colegio, ni ha visto tampoco interés alguno en fomentar sus industrias, ni se ha empleado la más ínfima parte de aquellos caudales en propender la prosperidad".

El pasaje citado recuerda el del episodio del Motín del Té de Boston, la famosa protesta por los impuestos que desató la revolución de los Estados Unidos. La realidad es que los gravámenes no eran una carga significativa impuesta por el gobierno central, que se había vuelto inefectivo como resultado de veinte años de guerra civil. Obsérvese también la referencia al «Istmo» y al «pueblo istmeño», que quedó del plan original ideado en Nueva York. En la declaración se sigue criticando a Colombia por rechazar el tratado Hay-Herrán con el ánimo de perjudicar a Panamá:

Esta simplificación exagerada del punto de vista opositor se le debe a Bunau-Varilla. La verdad es que los colombianos rechazaron el tratado porque querían más dinero, y no para castigar a Panamá. La declaración termina con el compromiso de conformar una nueva república en donde "en suma, encuentren perpetuo asiento la civilización y el progreso" y en donde todos puedan "labrarse por medio del trabajo un porvenir venturoso y sin azares ni peligros".

"No faltaron hombres públicos que declararon su opinión adversa fundados en que sólo el Istmo de Panamá sería favorecido con la apertura de la vía en virtud de un tratado con los Estados Unidos, y que el resto de Colombia no recibiría beneficios directos de ningún género".
La junta les preguntó a los miembros del Concejo si estaban dispuestos a jurar lealtad a la nueva república, incluso si implicaba sostenerla "con sacrificio de sus familias, fortunas y vidas". Antes de que tuvieran tiempo de contestar, dos proyectiles cruzaron los aires. Una fuerte explosión hizo temblar las paredes. Había comenzado el bombardeo de la cañonera colombiana Bogotá. Esa tarde su comandante, el coronel Martínez, un oficial colombiano leal, había expedido un ultimátum: si no se ponía en libertad a los generales colombianos, abriría fuego. El pánico se apoderó de la muchedumbre en la Plaza Catedral a medida que la gente corría en busca de refugio. Durante casi media hora siguió el bombardeo, con unas cinco o seis explosiones.
El batallón de Huertas en la muralla de las bóvedas contraatacó bombardeando a su vez. Al cabo de una hora el Bogotá finalmente se retiró y se refugió detrás de la isla Pericos, en la Bahía de Panamá.

Las únicas víctimas del bombardeo fueron un chino que fumaba opio en una litera en la calle Salsipuedes, y un burro en el matadero. (El proyectil que mató al chino fue recuperado por De Obarrio, y luego se le obsequió como recuerdo a Prescott). La otra cañonera colombiana, el Padilla, no participó en la escaramuza, tal como había prometido su comandante, el general Varón.
Temiendo que el Bogotá remontara la costa hasta la ciudad cercana de Penonomé para conseguir refuerzos, Huertas despachó un mensajero en una pequeña canoa para advertirle al comandante del barco que «este movimiento cuenta con el pleno apoyo de los norteamericanos».

Cuando todo retornó a la calma, a las 10:00 p.m., el presidente del Concejo, Demetrio Brid, le envío un cable al presidente Roosevelt: A Su Excelencia el Presidente de los Estados Unidos
Washington
La Municipalidad de Panamá celebra en este momento sesión solemne adhiriéndose movimiento separación Istmo de Panamá resto de Colombia, y espera reconocimiento de ese Gobierno para nuestra causa.


CONSECUENCIAS


panama.gifEl 13 de noviembre Estados Unidos reconoce formalmente a la República de Panamá (después de haberla reconocido extroficialmente del 6 al 7 de noviembre), Francia lo haría al día siguiente y antes de finalizar noviembre, otros quince países de América, Europa y Asia lo harían también.

Para el 18 de noviembre de ese mismo año, el secretario de Estado norteamericano, John Hay, firma en unión de Phillipe Bunau-Varilla un tratado para la construcción del Canal de Panamá, aunque fue muy controvertido por la celeridad con que fue aprobado y porque Bunau-Varilla se había propuesto a sí mismo como representante del gobierno panameño. El tratado fue ratificado después por la Junta Provisional de Gobierno de Panamá y por el Senado de Estados Unidos.

En Colombia, la noticia de la separación de Panamá no fue conocida hasta el 6 de noviembre en Bogotá. La razón dada para explicar el atraso fue que el cable submarino que hacía posible las comunicaciones entre las dos regiones se había dañado en esos días.
Fue el embajador de Colombia en Ecuador, quien hizo llegar la noticia al gobierno colombiano, que ocultó la noticia por algunos días, para prevenir los posibles disturbios que ocurrirían en Bogotá.

Hubo entonces dos clases de respuesta: enviar a Panamá una misión diplomática para averiguar si los panameños estarían dispuestos a echar marcha atrás. También se ofrecía a reconsiderar el tratado Herrán-Hay, rechazado por el Senado colombiano, e inclusive hasta se prometía convertir a la ciudad de Panamá en la capital de Colombia. La misión se reunió a bordo del navío estadounidense Mayflower. La delegación panameña que estaba formada por Constantino Arosemena, Tomás Arias y Eusebio A. Morales, rechazó todas las propuestas.

Colombia envía entonces otra delegación del más alto nivel, en la cual sobresalían el general Rafael Reyes, Pedro Nel Ospina, Jorge Holguín y Lucas Caballero. Panamá estuvo representado de nuevo por Constantino Arosemena y Tomás Arias, ahora acompañados por Carlos A. Mendoza, Nicanor de Obarrio y Antonio Zubieta. Las reuniones se desarrollaron en el barco Canadá, de dicho país. No hubo acuerdo entre los representantes y Rafael Reyes regresó a Estados Unidos de América.