EL CLIMA DE LA ORINOQUIA

Yopal5141513ff8yopal514g.jpgEl clima orinocense es tropical por encontrarse ubicada la región entre los dos trópicos, recibiendo directamente la radiación solar a lo largo del año. Pero la temperatura no es el único factor que determine el clima porque las precipitaciones, la humedad de la atmósfera y la poca variación de la verticalidad de los suelos también afectan los ecosistemas.
Con variaciones mínimas, la temperatura de la zona es uniforme y corresponde al calificativo de caliente, ya que oscila entre los veinticinco y los treinta grados centígrados. Los aumentos en la temperatura se den al finalizar la estación seca, y los descensos mínimos, a la terminación del período de lluvias.

Debido a su posición intertropical, la Orinoquia no disfruta de estaciones. Tiene un período definido de lluvias que va de abril a noviembre, seguido de otro de sequía que abarca de diciembre a marzo. Según esto, el régimen pluviométrico es mono modal: tiene un mayor registro durante la época de lluvias intensas y decrece hasta el mínimo en el período de mayor sequía. Sin embargo, la cantidad de lluvia que cae no es uniforme en todas las áreas de la región: mientras al norte de Arauca y Vichada la precipitación está por debajo de los 1.500 mm al año, en la faja del piedemonte, como el área de Villavicencio, caen al año más de 4.500 mm. La cantidad de agua llovida incide sobre el caudal de los ríos, la vegetación y la fauna con efectos importantes sobre el hombre.


CAMBIOS DE CLIMA Y VEGETACIÓN

La Orinoquia, como el resto del planeta, sufrió grandes variaciones ambientales relacionadas con las glaciaciones e interglaciaciones y con los períodos muy fríos y secos que ocurrieron en muchos lugares. Durante el Cuaternario —hace entre 600.000 y 10.000 años— los cinturones de vegetación de los ecosistemas de montaña fluctuaron continuamente debido a la alternancia de los climas fríos de las glaciaciones con los períodos relativamente más favorables de las interglaciaciones, lo que generó el avance o retroceso de las masas glaciares que modelaron el relieve de las cumbres de la cordillera Oriental colombiana y de su vertiente orinoquense. El último período glacial ocurrió hace entre 90.000 y 10.000 años antes del presente y se inició con pulsos muy fríos, seguidos por algunas fases cortas más cálidas y otras extremadamente secas.
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Las épocas secas tuvieron una gran influencia sobre la Orinoquia; se estima que la disminución de la temperatura, probablemente entre 2 y 6 ºC, causó una mengua en las lluvias de por lo menos 1.000 mm. Los últimos tres registros mínimos de las épocas secas se presentaron entre los 60.000 y 40.000 años antes del presente y hace entre 22.000 y 14.000 años; la existencia de arenales en Arauca y Casanare y cerca del río Meta, parece indicar que se llegó a condiciones casi desérticas, especialmente al final del Pleistoceno —final del último glacial—, hace entre 20.000 y 13.000 años; el geógrafo Antonio Flórez describe este paisaje de dunas como modelados eólicos antiguos cuyas formas longitudinales, compuestas principalmente por arenas finas y limos, están relacionadas con la orientación dominante de los vientos Alisios procedentes del nororiente y pueden tener de 2 a 6 km de largo hasta por 1,5 km de ancho y no más de 10 m de altura.
Estos eventos secos alteraron los ecosistemas y al cambiar los patrones de distribución de la biota en la región de la Orinoquia, los límites entre la sabana y la selva amazónica también sufrieron profundas modificaciones. Los estudios paleo ecológicos de Van der Hammen revelan que en varias partes de la Amazonia, la selva fue remplazada por sabanas o bosques de sabana y que posiblemente un tipo de bosque seco amazónico pudo haber sido tan abundante durante ciertos intervalos, que logró aislar bosques tropicales húmedos, formando refugios selváticos.
Se ha establecido también, que durante las fases más frías y secas del último período glacial, la vegetación de zonas áridas parece haber estado en contacto, en los Andes, con la vegetación del páramo; al mismo tiempo la vegetación de sabana y el bosque de sabana aumentaron, limitando así el crecimiento del bosque tropical cerrado, lo que probablemente generó una zona de pastizal–bosque de sabana, justo a través de la Amazonia. Este fenómeno que parece increíble, fue también significativo en los patrones de distribución de la mega fauna pleistocénica y de la ocupación del hombre prehistórico; se estima que hace 23.000 años ambos aprovecharon los corredores de vegetación abierta para alcanzar nuevos territorios.
A finales del Terciario, en el Plioceno , hace unos 4,5 millones de años, se formó el istmo centroamericano, finalizó el aislamiento geográfico de la biota de Suramérica y la fauna pudo encontrar un extenso corredor de vegetación abierta, durante los períodos secos se desplazó a través de las llanuras bajas tropicales hacia los Andes; los hallazgos de mastodontes y de otros grandes mamíferos en los altiplanos de la cordillera Oriental y en regiones del sur del continente, evidencian este proceso. Las musarañas, los conejos, los zorros, las llamas, los venados y las dantas son algunas de las especies que provenientes del norte llegaron a Suramérica y permanecen hasta hoy.
La presencia en algunos valles interandinos de la cordillera Oriental, de una flora que tiene estrechas relaciones con la de las sabanas de los Llanos Orientales y la existencia de unos enclaves de sabanas, llamados Sabanas del Refugio y Sabanas del Yarí, localizadas al sur de la serranía de La Macarena, cuya composición florística también es muy afín con las especies de los antiguos escudos de las Guayanas, como la familia de las Velloziáceas, presente en África y América y las Rapatáceas, entre otras, también son ejemplos del avance de la flora de la Orinoquia durante los períodos secos.


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